Español

Seria el tiempo - pero creo que yo diria me gusta bailar al dos - o al contratiempo (Aunque no te guste la Timba, quizas al menos te sirven linguisticamente en esto los cubanos) :)
 
El gerente de una emisora me pidió que pusiera más Latín Jazz durante mi programa porque el eslogan de la emisora es “Chicago’s Home for Jazz”. Ya que, en gran medida, la bailabilidad muchas veces es la distinción entre el Latin Jazz y el mambo, o por lo menos es así cuando se refiere al tipo del baile que se enseña en las escuelas de baile, no estaba a mis anchas con la nueva fórmula que me impuso el gerente. Ciertamente hay Latin Jazz que es bastante bailable, pero mucho no lo es.

Para prepararme un poquito más en esa área, hablé con Andy Harlow, quien lleva muchos años realizando un programa de Latin Jazz. Andy me dio muy buenos consejos y me explicó que parte de la fórmula del éxito de su programa, y los de los otros locutores de su emisora, es que ponen temas sin letra, o com muy poca letra. Me hizo saber que para los anglohablantes aficionados al Jazz, el español, cuando se oiga en el Latín zJazz, tiene un efecto desagradable. El caso es que prefieren temas instrumentales. Por eso me puse a buscar temas bailables, y sin letra, y los sumé a mis listas discográficas y empecé a ponerlos durante mi programa.

Después de unas semanas, me di cuenta de que yo no disfrutaba el programa como lo había hecho antes. Para mí, se trata de dos géneros semejantes, pero distintos. Latin Jazz es Latin Jazz. Mambo es Mambo. Es más, la letra, con el sonero/cantante, es parte íntegra del Mambo, ¡y punto! Me gusta el Latin Jazz, pero me gusta mucho más el mambo, y con letra.

Para complacerle al gerente, sigo poniendo más temas de Latín Jazz, pero con letra siempre que sea posible, y sobre todo, tienen que ser bailables porque el distintivo de mi programa es precisamente eso: música bailable. Nuestra emisora ya cuenta con programas dedicados al Latín Jazz. El mío va a seguir siendo diferente a esos, pero sí tengo que complacer al gerente y seleccionar temas “jazzy”, pero la gran mayoría, con letra también.
 
Amigos, recientemente leí las palabras estrepitoso y estrépito. Me han dicho que nadie no dice estas palabras en España hoy en día. ¿Es la misma situación con los latinos? Ya entiendo que puedo decir ruidoso y ruido, pero me gustan los sonidos de estrepitoso y estrépito.
Depende de lo que quieras decir. ¿Quieres decir “noise?”

La diferencia entre un “ruido” y un “estrépito” es como la diferencia entre “noise” and “racket,” por ejemplo. Son sinónimos, pero su uso depende del contexto.

Hay muchos sinónimos: ruido, bulla, bullicio, alboroto, escándalo, estrépito, fragor, rumor, gresca, etcétera, etcétera, etcétera.
 
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El gerente de una emisora me pidió que pusiera más Latín Jazz durante mi programa porque el eslogan de la emisora es “Chicago’s Home for Jazz”. Ya que, en gran medida, la bailabilidad muchas veces es la distinción entre el Latin Jazz y el mambo, o por lo menos es así cuando se refiere al tipo del baile que se enseña en las escuelas de baile, no estaba a mis anchas con la nueva fórmula que me impuso el gerente. Ciertamente hay Latin Jazz que es bastante bailable, pero mucho no lo es.

Para prepararme un poquito más en esa área, hablé con Andy Harlow, quien lleva muchos años realizando un programa de Latin Jazz. Andy me dio muy buenos consejos y me explicó que parte de la fórmula del éxito de su programa, y los de los otros locutores de su emisora, es que ponen temas sin letra, o com muy poca letra. Me hizo saber que para los anglohablantes aficionados al Jazz, el español, cuando se oiga en el Latín zJazz, tiene un efecto desagradable. El caso es que prefieren temas instrumentales. Por eso me puse a buscar temas bailables, y sin letra, y los sumé a mis listas discográficas y empecé a ponerlos durante mi programa.

Después de unas semanas, me di cuenta de que yo no disfrutaba el programa como lo había hecho antes. Para mí, se trata de dos géneros semejantes, pero distintos. Latin Jazz es Latin Jazz. Mambo es Mambo. Es más, la letra, con el sonero/cantante, es parte íntegra del Mambo, ¡y punto! Me gusta el Latin Jazz, pero me gusta mucho más el mambo, y con letra.

Para complacerle al gerente, sigo poniendo más temas de Latín Jazz, pero con letra siempre que sea posible, y sobre todo, tienen que ser bailables porque el distintivo de mi programa es precisamente eso: música bailable. Nuestra emisora ya cuenta con programas dedicados al Latín Jazz. El mío va a seguir siendo diferente a esos, pero sí tengo que complacer al gerente y seleccionar temas “jazzy”, pero la gran mayoría, con letra también.
Te entiendo. A mi me encanta el latin jazz, y lo estudio en partes, pero me interesa mas en contexto del jazz que en contexto de la musica latina.
En otras palabras: El Latin Jazz le suele gustar a los que escuchan jazz, no tiene por gustarle a los que escuchan Salsa, Son, etc..

Espero que tus gerentes te dejen mas libertad para solo poner lo que disfrutas de verdad!

PD. Ademas, hay mucho Latin Jazz malo por ahi, por desgracia...
 
anyone know the proper way to say "B-side" in Spanish, as in the b-side of a record?
Yo digo “el lado b”, porque igual que “b side” en inglés, se entiende sin un contexto manifestado.

Alguien propuso “el dorso,” y estoy de acuerdo. También sirve, pero no sin el contexto, ya que el dorso es “el reverso, envés, revés o espalda de algo o alguien”. Es como decir “the back”, y puede referirse a cualquier cosa.
 
Te entiendo. A mi me encanta el latin jazz, y lo estudio en partes, pero me interesa mas en contexto del jazz que en contexto de la musica latina.
En otras palabras: El Latin Jazz le suele gustar a los que escuchan jazz, no tiene por gustarle a los que escuchan Salsa, Son, etc..

Espero que tus gerentes te dejen mas libertad para solo poner lo que disfrutas de verdad!

PD. Ademas, hay mucho Latin Jazz malo por ahi, por desgracia...
¡Gracias, Latinjazz! Es una situación muy interesante, pero hasta ahora todo va bien. He tenido que flexibilizarme un poquito, pero por fortuna mantengo mi distintivo.
 
Me hizo saber que para los anglohablantes aficionados al Jazz, el español, cuando se oiga en el Latín zJazz, tiene un efecto desagradable. El caso es que prefieren temas instrumentales.

Imagino que es así pero al mismo tiempo el español en el jazz latino es el equivalente del inglés en otro jazz. Sí el jazz es más asociado con canciones instrumentales (o sea sin voz) pero hay y hubo muchísimos cantantes de jazz. Ella Fitzgerald, Billie Holiday, King Pleasure y muchos más del pasado y de hoy día tuvieron y tienen mucho éxito en el ámbito de jazz. Tal vez hoy día haya menos cantantes en el jazz no sé. He leído que cuando actuaban Machito y su orquesta en los locales de jazz muy famosos en 52nd Street en Nueva York, los boleros que cantaba Graciela fueron muy bien agradecidos. Igualmente en los álbumes de Poncho Sanchez, un artista del jazz latino muy exitoso, siempre hay al menos 2 canciones con voz.

Sí gustos cambian pero para mí la voz es una parte esencial del jazz latino y por supuesto este tipo de canción relacionan más con la salsa, el tema de sus shows. En mi opinión poner canciones jazísticas que tengan voz (y por supuesto otras que sean instrumentos) es una buena manera de darle más jazz al show sin perder su esencia.

Y en cuanto a instrumentales, hay muchos que son bailables para bailadores de salsa y cha cha cha.

Al final otras personas van a dar sus consejos pero es el dueño del show que tiene la responsabilidad para las decisiones. Yo te recomiendo que hagas lo que piensas porque si disfrutas de la música más probable que disfruten también los oyentes.
 
Imagino que es así pero al mismo tiempo el español en el jazz latino es el equivalente del inglés en otro jazz. Sí el jazz es más asociado con canciones instrumentales (o sea sin voz) pero hay y hubo muchísimos cantantes de jazz. Ella Fitzgerald, Billie Holiday, King Pleasure y muchos más del pasado y de hoy día tuvieron y tienen mucho éxito en el ámbito de jazz. Tal vez hoy día haya menos cantantes en el jazz no sé. He leído que cuando actuaban Machito y su orquesta en los locales de jazz muy famosos en 52nd Street en Nueva York, los boleros que cantaba Graciela fueron muy bien agradecidos. Igualmente en los álbumes de Poncho Sanchez, un artista del jazz latino muy exitoso, siempre hay al menos 2 canciones con voz.

Sí gustos cambian pero para mí la voz es una parte esencial del jazz latino y por supuesto este tipo de canción relacionan más con la salsa, el tema de sus shows. En mi opinión poner canciones jazísticas que tengan voz (y por supuesto otras que sean instrumentos) es una buena manera de darle más jazz al show sin perder su esencia.

Y en cuanto a instrumentales, hay muchos que son bailables para bailadores de salsa y cha cha cha.

Al final otras personas van a dar sus consejos pero es el dueño del show que tiene la responsabilidad para las decisiones. Yo te recomiendo que hagas lo que piensas porque si disfrutas de la música más probable que disfruten también los oyentes.
 
Estoy de acuerdo. El caso es que, sobre todo, mi programa trata de música bailable en el estilo que se enseña en las escuelas. El jazz estándar no cuenta con un baile de pareja establecido y sus conciertos son más bien para observarse.
 
En fin si a alguien no le gusta el español nunca vaya a disfrutar un show de salsa.
Sí, es cierto. A los jazzistas les gusta más bien los temas instrumentales, o están acostumbrados a la letra en inglés, y no logran apreciar la cadencia y el flujo de los soneos.

Antes, no me gustaban los temas instrumentales de salsa/mambo, pero ahora me gustan igualmente, aunque no los pongo en los clubes porque a los laicos, o bailadores casuales, no les gustan tanto. ¿Será porque no entiendan la letra?

A los bailadores avezados, ¡sí que les gustan los temas instrumentales así como los con letra!
 
Antes, no me gustaban los temas instrumentales de salsa/mambo, pero ahora me gustan igualmente, aunque no los pongo en los clubes porque a los laicos, o bailadores casuales, no les gustan tanto.

Nunca pongas temas instrumentales en los clubes? Para los que bailen en dos (o al dos) muchos temas instrumentales son muy agradables.
 
Nunca pongas temas instrumentales en los clubes? Para los que bailen en dos (o al dos) muchos temas instrumentales son muy agradables.
Tienes razón. Depende de quienes están presentes. Si la mayoría es de bailadores casuales, será que no los ponga, pero sí se encuentran los avezados que bailan en dos, claro que sí.
 
Me alegra. Y si hay viejos de la época de mambo tal vez no sean 'avanzados' pero van a agradecer unos temas instrumentales también particularmente los de los años 50 y 60. A mí me encanta bailar un mambo con o sin voz. Pero sólo si la chica permite que bailemos en dos.
 
Una pregunta... En tu ciudad, si me desplazo de un lado al otro por el sintonizador en FM, ¿cuánta salsa voy a oír? No dejes de darme la ciudad.
 
En mayo de este año me pasó algo muy raro que después escribí en mi muro aquí en facebook. A continuación, pueden leer lo que me pasó. Quisiera que los miembros me den su opinión sobre el cuento.

COSAS QUE ME PASAN
(Una historia verdadera)

Siempre que llueva, escampa. Así asegura el dicho, pero hace unos cuatro horas tenía mis dudas. Ya que me siento mejor, y hasta diría sosegado, quiero contar los sucesos atemorizantes que, por alrededor de una hora, me atenazaron.

Por las mañanas mi mujer, Leslie, suele pedirme que le prepare un café y esta tarde después de un desayuno tardío que nos había preparado ella, me pidió el café y como de costumbre y con mucho gusto, se lo hice. En realidad, dudo que mi café sea algo fuera del mundo, pero a Leslie le encanta que se lo entregue al desnudo.

Regresé al dormitorio, le entregué el café y agarré mi Kindle de su recoveco habitual en la cabecera de la cama para ponerme a continuar una lectura prolongada, pues el libro es un tomo con unas 700 páginas y, según el Kindle, he alcanzado apenas al 72 por ciento. La lectura ha sido algo pesada, ya que es un cuento histórico, o como dicen -basado en la realidad- pero tiene sus momentos agradables, y me parecía que estaba llegando lo mejor o, al menos, el meollo del cuento, porque de repente se había vuelto mucho más absorbente y, se me estaban pegando las ganas de terminarlo de una vez.

Me senté al borde de la cama, mientras Leslie se sentaba en su butacón reclinable favorito y sorbía de su todavía humeante café. De pronto, allí mismo, todavía sentado a la orilla de la cama, sentí un repentino frío gélido y bestial. ¡Fue terrible y provino de la nada: no lo acompañaba ni una ráfaga, ni siquiera una brisita, sino solamente un frío glacial que me penetraba hasta los huesos. Me giré hacia Leslie y le pregunté si tenía frío y vi que se había arropado bien en su albornoz color de crema.

—Sigo diciéndote que hace frío en este cuarto. Sí, tengo mucho frío—dijo ella, pero por ser ella tan friolenta, intuía que no se refería al mismo frío insólito que me empezaba a azotar en ese momento.

Entonces, como no cesaba la sensación del frío y hasta se había intensificado, alcé la manta y la sobrecama, y me acosté debajo de ellas. Así y todo, seguía teniendo frío, mucho frío, y me empezó a temblar, incontrolablemente, todo el cuerpo. ¡Hasta se me castañeteaban los dientes! Percatándose de que yo pasaba un trance anormal, Leslie se ofreció a traerme más mantas.

—Sí, pero primero tengo que ir a mear. Después, me las pones, ¿sí?—le repuse, pero al tratar de incorporarme, resultó que casi no podía. Me quedé allí acostado boca arriba bajo las mantas, tiritando irrefrenablemente de la cabeza hasta los pies. —¿Qué diablos me está pasando?—grité, aterrado.

El frío se hacía más fuerte y los tembleques más seguidos, tanto así que, paulatinamente, pasaron de simplemente fastidiosos a fatigosos y después a un dolor abrumador que me tenía al punto de romper a llorar. Sobre todo, me dolían los músculos de la región lumbar que después de tantas constricciones ya no podían más. También los músculos estomacales sentían como si hubiera estado en el gimnasio y hecho miles de abdominales. Sin embargo, la urgencia de orinar se imponía exigente y, por fin resuelto, recabé las fuerzas y salté de la cama, aprisa y mareado, y me dirigí con cautela hacia el baño. Me paré frente al excusado y di rienda suelta a esas necesidades, pero sentí como enflaquecían mis fuerzas y temí que me fuera a desmayar. Puse la mano sobre la tapadera del inodoro para ayudarme a sostener mi peso y, endeble y al punto de desplomarme, terminé de orinar, pero no sabía si pudiera volver a llegar hasta la cama.

Gracias a Dios, logré alcanzar la cama y me metí de nuevo, todavía tiritando y adolorido, bajo las mantas. Como lo había prometido, Leslie me trajo varias cobijas más y con ellas me arropó todo lo que podía, pero mi cuerpo nunca dejó de temblar. Después, me trajo un cojincillo calentador eléctrico y lo echó debajo de las cobijas conmigo. Aun así, el frío y las oleadas incesantes de temblores no dejaban de atormentarme. Por consiguiente, me trajo cinco o seis pastillas de aceite de hígado de bacalao y una infusión de un té cargada de la vitamina C. Me tuvo que levantar la cabeza para que pudiera tomarlas, puesto que aún me costó mucho trabajo incorporarme.

—¿Te traigo otra cosa, mi amor?—me preguntó, siempre tan amable y abnegada. La verdad es que, en ese momento, yo tenía tanto miedo de que la situación se fuera a agravar que no quería que me dejara solo, pero a regañadientes dejé que volviera a su butacón. Me quedé allí, debajo de las numerosas cobijas, temblando fuera de control, triste, apenado y adolorido.

—¡Si tan sólo pudiera dormir! ¡Si pudiera conciliar el sueño!—me decía una y otra vez, pero dudaba que los retortijones y el dolor radicado en la región lumbar me fueran a permitir ese lujo.

Como es de imaginarse, no tengo ni idea de cuándo por fin me quedé dormido (¿o desmayado?). Sólo sé que de pronto me despertaba (¿o recobraba a él conocimiento?). Abrí los ojos y miré el desmesurado reloj que tenemos colgado en la pared del dormitorio. Se habían pasado tres horas. Me di cuenta de que el cuerpo ya no me temblaba y, es más, tenía tanto calor que, de un golpe muy recio, me quité todas las mantas y con un movimiento hábil me incorporé, me giré, puse los pies en el piso, y allí estaba otra vez, sentado al borde de la cama. Confirmé que mi adorada esposa seguía allí sentada en su butacón.

—¡Gracias por tus atenciones, mi amor. Parece que me has curado. ¡Dios mío! ¿Qué diablos fue eso que me pasaba?

—¿No te das cuenta de que eso te pasa cada dos o tres años, Earl? Es algo muy extraño que te llega, sufres un par de horas, y se te va.

—Ahora que lo dices, sí recuerdo haberlo sufrido antes, pero, ¿es tan frecuente?

—Sí. Ya te lo dije, te pasa como cada dos años, más o menos.

Me quedé anonadado. ¿De veras, esto me pasa con tanta frecuencia?, pensaba. Hice memoria, pero solamente conseguí recordar una vez pasada que esto me había acaecido. Recordé que aquella vez, igual que ésta, Leslie me había atendido, igual de cariñosamente, como lo acababa de hacer hoy. ¡Qué afortunado soy! ¡Tener a mi lado una mujer tan atenta y afectuosa es una bendición! ¿Qué habría hecho si no estuviera?

—¿Sabes qué, mi amor? Hace varios días que pienso escribir algo. Me hace falta escribir, no más para practicar mi español. Tengo el convencimiento de que no escribo lo suficiente. Creo que voy a contar esto que me acaba de pasar. Puede ser de interés. ¿Qué te parece?

—Será aburrido, pero allá tú, mi amor. ¡Allá tú!
 
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