Español

Bueno, vamos a descifrar el poema paulatinamente.

Después de contestar una serie de preguntas, cada quien podrá llegar a su propia conclusión. La primera pregunta y la más obvia es...

¿Qué significa garçonnière?
 
Bueno, parece que nadie ha querido responder. Los seres humanos siempre me recuerdan por qué canta el pájaro enjaulado. Canta porque le encanta cantar y no para complacer a otros.

En todo caso, sigo con esto porque vale la pena hacerlo. A estas alturas de mi vida estoy muy seguro de que con los idiomas, si no se usan, se pierden, y rápidamente. Es más, el que no lee no está en mejores condiciones que el que no puede.

Un estudiante me preguntó una vez que cómo se sabe si una persona habla bien el español. Le dije que si sigue estudiando, pronto le iba a ser más claro que el agua, pero que una de las maneras de saberlo es observar que tan frecuente se tiene que recurrir al inglés. No se hablaría el consabido espanglish si se pudiera hablar bien el español.
 
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Garçonnière es una voz francesa y significa casa o apartamento de soltero.

La próxima pregunta es, ¿quiénes se encuentran en esa casa o apartamento de soltero?

Para los recién llegados, la pregunta se refiere al poema Garçonnière de Rubén Darío, publicado en esta cadena hace unos días.
 
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Título: El rey burgués
Autor: Rubén Darío
Libro: Azul...
Año: 1888

Azul... es un libro de cuentos y poemas del poeta nicaragüense Rubén Darío, considerada una de las obras más relevantes del modernismo hispánico. Se publicó por primera vez en Valparaíso (Chile) el 30 de julio de 1888. Dos años después, en Guatemala, apareció una segunda edición.

********************

El rey burgués
(Cuento alegre)

¡Amigo! El cielo está opaco, el aire frío, el día triste. Un cuento alegre... así como para distraer las brumosas y grises melancolías, helo aquí:

***

Había en una ciudad inmensa y brillante un rey muy poderoso, que tenía trajes caprichosos y ricos, esclavas desnudas, blancas y negras, caballos de largas crines, armas flamantísimas, galgos rápidos, y monteros con cuernos de bronce que llenaban el viento con sus fanfarrias. ¿Era un rey poeta? No, amigo mío: era el Rey Burgués.

***

Era muy aficionado a las artes el soberano, y favorecía con gran largueza a sus músicos, a sus hacedores de ditirambos, pintores, escultores, boticarios, barberos y maestros de esgrima. Cuando iba a la floresta, junto al corzo o jabalí herido y sangriento, hacía improvisar a sus profesores de retórica canciones alusivas; los criados llenaban las copas del vino de oro que hierve, y las mujeres batían palmas con movimientos rítmicos y gallardos. Era un rey sol, en su Babilonia llena de músicas, de carcajadas y de ruido de festín. Cuando se hastiaba de la ciudad bullente, iba de caza atronando el bosque con sus tropeles; y hacía salir de sus nidos a las aves asustadas, y el vocerío repercutía en lo más escondido de las cavernas. Los perros de patas elásticas iban rompiendo la maleza en la carrera, y los cazadores, inclinados sobre el pescuezo de los caballos, hacían ondear los mantos purpúreos y llevaban las caras encendidas y las cabelleras al viento.

El rey tenía un palacio soberbio donde había acumulado riquezas y objetos de arte maravillosos. Llegaba a él por entre grupos de lilas y extensos estanques, siendo saludado por los cisnes de cuellos blancos, antes que por los lacayos estirados. Buen gusto. Subía por una escalera llena de columnas de alabastro y de esmaragdina, que tenía a los lados leones de mármol como los de los tronos salomónicos. Refinamiento. A más de los cisnes, tenía una vasta pajarera, como amante de la armonía del arrullo, del trino; y cerca de ella iba a ensanchar su espíritu, leyendo novelas de M. Ohnet, o bellos libros sobre cuestiones gramaticales, o críticas hermosillescas. Eso sí: defensor acérrimo de la corrección académica en letras, y del modo lamido en arte; alma sublime amante de la lija y de la ortografía.

***

¡Japonerías! ¡Chinerías! Por moda y nada más. Bien podía darse el placer de un salón digno del gusto de un Goncourt y de los millones de un Creso: quimeras de bronce con las fauces abiertas y las colas enroscadas, en grupos fantásticos y maravillosos; lacas de Kioto con incrustaciones de hojas y ramas de una flora monstruosa, y animales de una fauna desconocida; mariposas de raros abanicos junto a las paredes; peces y gallos de colores; máscaras de gestos infernales y con ojos como si fuesen vivos; partesanas de hojas antiquísimas y empuñaduras con dragones devorando flores de loto; y en conchas de huevo, túnicas de seda amarilla, como tejidas con hilos de araña, sembradas de garzas rojas y de verdes matas de arroz; y tibores, porcelanas de muchos siglos, de aquellas en que hay guerreros tártaros con una piel que les cubre hasta los riñones, y que llevan arcos estirados y manojos de flechas.

Por lo demás, había el salón griego, lleno de mármoles: diosas, musas, ninfas y sátiros; el salón de los tiempos galantes, con cuadros del gran Watteau y de Chardin; dos, tres, cuatro, ¿cuántos salones?

Y Mecenas se paseaba por todos, con la cara inundada de cierta majestad, el vientre feliz y la corona en la cabeza, como un rey de naipe.

Un día le llevaron una rara especie de hombre ante su trono, donde se hallaba rodeado de cortesanos, de retóricos y de maestros de equitación y de baile.
–¿Qué es eso? –preguntó.
–Señor, es un poeta.

El rey tenía cisnes en el estanque, canarios, gorriones, senzontes en la pajarera: un poeta era algo nuevo y extraño.
–Dejadle aquí.
Y el poeta: –Señor, no he comido.
Y el rey:
–Habla y comerás.
Comenzó:

***

–Señor, ha tiempo que yo canto el verbo del porvenir. He tendido mis alas al huracán; he nacido en el tiempo de la aurora; busco la raza escogida que debe esperar con el himno en la boca y la lira en la mano la salida del gran sol. He abandonado la inspiración de la ciudad malsana, la alcoba llena de perfumes, la musa de carne que llena el alma de pequeñez y el rostro de polvos de arroz. He roto el arpa adulona de las cuerdas débiles; contra las copas de Bohemia y las jarras donde espumea el vino que embriaga sin dar fortaleza; he arrojado el manto que me hacía parecer histrión, o mujer, y he vestido de modo salvaje y espléndido: mi harapo es de púrpura. He ido a la selva, donde he quedado vigoroso y ahíto de leche fecunda y licor de nueva vida; y en la ribera del mar áspero, sacudiendo la cabeza bajo la fuerte y negra tempestad, como un ángel soberbio, o como un semidiós olímpico, he ensayado el yamdo dando al olvido el madrigal.

"He acariciado a la gran naturaleza, y he buscado al calor del ideal, el verso que está en el astro en el fondo del cielo, y el que está en la perla en lo profundo del océano. ¡He querido ser pujante! Porque viene el tiempo de las grandes revoluciones, con un Mesías todo luz, todo agitación y potencia, y es preciso recibir su espíritu con el poema que sea arco triunfal, de estrofas de acero, de estrofas de oro, de estrofas de amor."

"Señor, el arte no está en los fríos envoltorios de mármol, ni en los cuadros lamidos, ni en el excelente señor Ohnet. ¡Señor! El arte no viste pantalones, ni habla en burgués, ni pone los puntos en todas las íes. Él es augusto, tiene mantos de oro o de llamas, o anda desnudo, y amasa la greda con fiebre, y pinta con luz, y es opulento, y da golpes de ala como las águilas, o zarpazos como los leones. Señor, entre un Apolo y un ganso, preferid el Apolo, aunque el uno sea de tierra cocida y el otro de marfil."
"¡Oh, la Poesía!"
"¡Y bien! Los ritmos se prostituyen, se cantan los lunares de las mujeres, y se fabrican jarabes poéticos. Además, señor, el zapatero critica mis endecasílabos, y el señor profesor de farmacia pone puntos y comas a mi inspiración. Señor, ¡y vos lo autorizáis todo esto!... El ideal, el ideal..."
El rey interrumpió:
–Ya habéis oído. ¿Qué hacer?
Y un filósofo al uso:
–Si lo permitís, señor, puede ganarse la comida con una caja de música; podemos colocarle en el jardín, cerca de los cisnes, para cuando os paseéis.
–Sí –dijo el rey, y dirigiéndose al poeta: –Daréis vueltas a un manubrio. Cerraréis la boca. Haréis sonar una caja de música que toca valses, cuadrillas y galopas, como no prefiráis moriros de hambre. Pieza de música por pedazo de pan. Nada de jerigonzas, ni de ideales. Id.

Y desde aquel día pudo verse a la orilla del estanque de los cisnes, al poeta hambriento que daba vueltas al manubrio: tiririrín, tiririrín... ¡avergonzado a las miradas del gran sol! ¿Pasaba el rey por las cercanías? ¡Tiririrín, tiririrín!... ¿Había que llenar el estómago? ¡Tiririrín! Todo entre la burla de los pájaros libres, que llegaban a beber rocío en las lilas floridas; entre el zumbido de las abejas, que le picaban el rostro y le llenaban los ojos de lágrimas;
¡tiririrín!...
¡lágrimas amargas que rodaban por sus mejillas y que caían a la tierra negra!

Y llegó el invierno, y el pobre sintió frío en el cuerpo y en el alma. Y su cerebro estaba como petrificado, y los grandes himnos estaban en el olvido, y el poeta de la montaña coronada de águilas, no era sino un pobre diablo que daba vueltas al manubrio, tiririrín.

Y cuando cayó la nieve se olvidaron de él, el rey y sus vasallos; a los pájaros se les abrigó, y a él se le dejó al aire glacial que le mordía las carnes y le azotaba el rostro, tiriririn!

Y una noche en que caía de lo alto la lluvia blanca de plumillas cristalizadas, en el palacio había festín, y la luz de las arañas reía alegre sobre los mármoles, sobre el oro y sobre las túnicas de los mandarines de las viejas porcelanas. Y se aplaudían hasta la locura los brindis del señor profesor de retórica, cuajados de dáctilos, de anapestos y de piriquios, mientras en las copas cristalinas hervía el champaña con su burbujeo luminoso y fugaz. ¡Noche de invierno, noche de fiesta! Y el infeliz cubierto de nieve, cerca del estanque, daba vueltas al manubrio para calentarse ¡tirirín, tirirín! Tembloroso y aterido, insultado por el cierzo, bajo la blancura implacable y helada, en la noche sombría, haciendo resonar entre los árboles sin hojas la música loca de las galopas y cuadrillas; y se quedó muerto, tiririrín... pensando en que nacería el sol del día venidero, y con él el ideal, tiririrín..., y en el que el arte no vestiría pantalones sino manto de llamas, o de oro... Hasta que al día siguiente, lo hallaron el rey y sus cortesános al pobre diablo de poeta, como gorrión que mata el hielo, con una sonrisa amarga en los labios, y todavía con la mano en el manubrio.

***

¡Oh, mi amigo! el cielo está opaco, el aire frío, el día triste. Flotan brumosas y grises melancolías...
¡Pero cuánto calienta el alma una frase, un apretón de manos a tiempo! ¡Hasta la vista!
 
La próxima pregunta es, ¿quiénes se encuentran en esa casa o apartamento de soltero?

Para los recién llegados, la pregunta se refiere al poema Garçonnière de Rubén Darío, publicado en esta cadena hace unos días.

Si no me equivoco, hay cuatro alusiones concretas en cuanto al sexo de los participantes de la tertulia - 1. Era un inspirado cada caballero, 2. Un rubio decía..., 3. Un bruno decía..., 4. el compañero que recita y rima. Fíjense que son todos hombres.
 
He hecho una preguntas sobre este poema y el que haya puesto atención ya tendrá una idea que qué se trata.

La primera pregunta fue ¿qué significa Garçionnière?
La segunda pregunta fue ¿quiénes asisten a la tertulia en ese Garçonnière?
Ahora, la última pregunta es, ¿qué es una saturnal?
Si sabes todas las respuestas, entonces ya sabes de qué se trata.


Les invito a descifrar un extracto del poema Garçonnère de Rubén Darío, que es un poema muy interesante que leímos y analizamos durante mi clase de Literatura en español. La verdad es que antes odiaba tener que descifrar los poemas, pero ahora que he vuelto a estudiar, me está gustando enormemente.

Les reto a descifrarlo y a decirnos ¿de qué se trata?

Garçonnière

A. G. Grippa.

Cómo era el instante, dígalo la musa
Que las dichas trae, que las penas lleva:
La tristeza pasa, velada y confusa;
La alegría, rosas y azahares nieva.

Era en un amable nido de soltero,
De risas y versos, de placer sonoro;
Era un inspirado cada caballero,
De sueños azules y vino de oro.

Un rubio decía frases sentenciosas
Negando y amando las musas eternas
Un bruno decía versos como rosas,
De sonantes rimas y palabras tiernas.

Los tapices rojos, de doradas listas,
Cubrían panoplias de pinturas y armas,
Que hablaban de bellas pasadas conquistas,
Amantes coloquios y dulces alarmas.

El verso de fuego de D'Anunzio era
Como un són divino que en las saturnales
Guiara las manchadas pieles de pantera,
Á fiestas soberbias y amores triunfales.

É iban con manchadas pieles de pantera,
Con tirsos de flores y copas paganas
Las almas de aquellos jóvenes que viera
Venus en su templo con palmas hermanas.

Venus, la celeste reina que adivina
En las almas vivas alegrías francas,
Y que les confía, por gracia divina,
Sus abejas de oro, sus palomas blancas.

Y aquellos amantes de la eterna Dea,
Á la dulce música de la regia rima,
Oyen el mensaje de la vasta Idea
Por el compañero que recita y mima.

Y sobre sus frentes, que acaricia el lauro,
Abril pone amable su beso sonoro,
Y llevan gozosos, sátiro y centauro,
la alegría noble del vino de oro.
 
El erotismo modernista hispanoamericano de Rubén Darío y Clemente Palma

El objetivo de este ensayo estriba en observar y comparar los rasgos del erotismo modernista hispanoamericano entre sendas obras seleccionadas de dos escritores coetáneos: el nicaragüense Rubén Darío (1867 - 1916) y el peruano Clemente Palma (1872 – 1946). De Rubén Darío se analizará su cuento corto, “El palacio del Sol”, publicado en su libro Azul… (1888, Valparaíso / 1888, Guatemala / 1905, Buenos Aires). De Clemente Palma se examinará su relato, “Las vampiras”, publicado en su libro Cuentos malévolos (1913, París).
Haz clic en el enlace a continuación para leer el ensayo.

https://es.scribd.com/document/5492...-de-Ruben-Dario-y-Clemente-Palma-De-Earl-Hall
 
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El Club de lectura en español de ¡Exprésate! está abierto a todos aquellos interesados en la literatura en español que tengan un nivel intermedio-alto con el idioma y un mínimo de 18 años de edad. Nos reuniremos por Zoom una vez al mes para hablar del libro del mes, siempre seleccionado en rotación por Nora Berrino, Jesús Triana y Earl Hall.

PARA PARTICIPAR en el Club envía un correo electrónico a [email protected] con el asunto CLUB DE LECTURA junto con el mes en que piensas participar. Por ejemplo: «CLUB DE LECTURA MARZO». Te sumaremos al calendario que te mandará recordatorios automáticos. Se requiere leer el libro seleccionado antes de la reunión y ser respetuoso y considerado con las opiniones expresadas por los demás.

LA PRIMERA REUNIÓN

Fecha: el 30 de marzo 2022
Horario: 1800 – 1930 (huso horario de Chicago, EE. UU.)
Donde: Zoom (Recibirás el enlace después de mandarnos el correo electrónico arriba mencionado)
Lectura: Crónica de una muerte anunciada, por Gabriel García Márquez

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