Un mambo por Perez Prado

edsel

Changui
To most people it is unknown that the great Perez Prado has had an enormous impact on the creation of the mambo and by this on modern musical developments, many modern styles (hiphop, bugalu, funk, Hardbop/Bebop, Latin Jazz and Salsa) in music and dance owe a lot the Mambo. Paying attention to one of its creators, is paying respect.

Today an introduction by Tony Evora.

Un mambo por Pérez Prado
Aunque muchos se atribuyen su paternidad, fue el pianista matancero de los gritos guturales quien creó el género a partir de un novedoso formato musical.

por TONY ÉVORA, Valencia
El creador del mambo, tal y como conocemos su música, fue Dámaso Pérez Prado, un pianista singular, con un poder de síntesis muy agudo y una gran facilidad como arreglista. Hay que subrayar la verdadera dimensión de lo anterior porque el debate sobre la paternidad del mambo continúa, azuzado por desafortunadas afirmaciones.
No se trata de poner en tela de juicio que el bajista Orestes López (hermano del gran Cachao) escribiera en 1939 una pieza danzonera que tituló Mambo, hecha de violines, flauta, güiro y timbales, ni que el sonero Arsenio Rodríguez también reclamara su autoría. También es cierto que otros músicos importantes como el gran pianista Bebo Valdés, Andrés Echevarría —mejor conocido como el tresero Niño Rivera— y el pianista René Hernández ya venían buscando el nuevo ritmo. Sin olvidar al flautista Antonio Arcaño, que también reclamó su paternidad.
Los orígenes del vocablo son también bastante confusos y se pierden entre los vericuetos del léxico llevado a la región del Caribe por varias etnias africanas esclavizadas. En Haití llaman mambo a las sacerdotisas del vudú, y según el etnólogo Fernando Ortiz, la palabra proviene del Congo y significa conversación. Lo cierto es que el término quedó flotando con diversas connotaciones en el habla de las islas.
Durante su juventud, Pérez Prado debió haber escuchado a menudo aquello de "si el mambo está duro es que la cosa va mal". No es de extrañar pues, que más de un músico popular lo emplease. El vocablo se siguió usando por muchos años, junto con "diablo", para identificar el aquelarre o clímax de los metales en el montuno de un son movido.
Lo importante es que fue Pérez Prado quien estableció el novedoso formato musical a partir de 1949, heredero de una rica tradición sonera a la que el autor incorporó elementos de la música norteamericana para convertirlo en un híbrido original y desconocido hasta entonces. Esto no ha impedido que algunos críticos continúen, tanto en la Isla como fuera de ella, considerándolo como "el malo de la película". ¿Cuál fue el origen de toda esa envidia?
¿Quién era Pérez Prado?
Dámaso Pérez Prado nació en Matanzas —una ciudad que gozaba de considerable nivel cultural— y creció junto a su hermano Pantaleón, también músico. Con tales nombres tenían que llegar a algo. Aunque provenían de un hogar humilde, Dámaso logró estudiar piano clásico y órgano con Rafael Somavilla y con María Angulo, despuntando en grupos locales antes de irse a la capital en 1942.
Tuvo que tocar mucho piano en Cuba para ganarse la vida. Cuando en 1943 se unió a la orquesta Casino de la Playa, esta estaba dirigida por Liduvino Pereira y su principal cantante era el jacarandoso Orlando Guerra Cascarita. El pianista ganaba cinco pesos (equivalentes entonces a dólares) por noche y otros dos por cada arreglo musical que terminaba. Algunos músicos ya sospechaban que estaba urdiendo algo nuevo.
Orquestando para la Casino y otras bandas y conjuntos, incluyendo la obra de incipientes compositores, Pérez Prado desarrolló un sólido oficio y aprendió cómo exaltar cada instrumento. Era ambicioso e intuía que necesitaba una gran orquesta con fuertes metales para llevar a cabo el concubinato que proyectaba entre los ritmos afrocubanos y el jazz.
Antes de unirse a la Casino de la Playa —una de las mejores orquestas del momento—, Pérez Prado había tocado en el cabaret El Kursaal, que quedaba por los muelles habaneros; después pasó a la orquesta del cabaret Pennsylvania en la playa de Marianao, empleando agudas disonancias al teclado que ya anunciaban la base del mambo. En 1946 logró independizarse, organizó su propia orquesta y un año después realizó una extensa gira por Venezuela y Argentina, donde llevó a cabo sus primeras grabaciones. En 1948 fue por primera vez a México y allí tocó el piano con varias agrupaciones, y se enamoró del lugar.

Source:
http://arch1.cubaencuentro.com/cultura/20040903/e119a1cbb8e9a853777a592316cb14dc/1.html

Mambo, mambo, mambo..
Edsel
 
Today part 2 of Perez Prado and the mambo.

Prado was the one who combined American swing bigbandformats with the afrocuban mambo from the world of the Cuban Charanga. Prado created different mambo-styles such as Mambo-Caen, a slow mambo and a very fast one, called Mambo-Batiri, or Mambo-Rumba, its this Mambo style which became immensely popular in New York City and inspired Machito and Mario Bauza, Tito Rdroguez and Tito Puente. Prado was not very popular in Cuba at that time and to work in the music and film industry in Mexico City. In Cuba it was Bebo Valdes, father of Chucho, who worked as long the same lines as Prado and created a new Mambo-style called Batanga.

Un mambo por Pérez Prado
Aunque muchos se atribuyen su paternidad, fue el pianista matancero de los gritos guturales quien creó el género a partir de un novedoso formato musical.

por TONY ÉVORA, Valencia
Como en Cuba nunca le hicieron mucho caso, en 1949 decidió instalarse en la capital azteca, agrupando los metales mexicanos que necesitaba, pero los percusionistas eran cubanos. Ensayó mucho y finalmente alquiló el teatro Blanquita, anunciando un espectáculo titulado Al son del mambo. Aquellas presentaciones se convirtieron en un éxito y le dieron la plataforma que necesitaba.
Había que ser muy buen instrumentista para trabajar con él, sobre todo los metales, porque les exigía muchas notas altas, difíciles de alcanzar. Y empezó a lanzar una composición tras otra, grabando primero para la RCA Víctor de México y luego para la de Nueva York, tratando siempre de incluir el vocablo mambo en los títulos para identificarlos, sin olvidar aquellos gritos guturales en cada cierre, su famosa marca de fábrica. Y pegó.
El Rey del mambo ganó mucho dinero y se hizo imprescindible en pocos años. Qué rico el mambo vendió 4,5 millones de discos entre 1950 y 1951, una cantidad extraordinaria para aquella época. Quizá fue un hombre difícil, un solitario insolidario, incluso algo mezquino con su dinero. El dominicano Johnny Pacheco relató cierta vez que estaban ensayando en un estudio y cuando bajaron a tomar café, alguien le pasó un sobre a Prado, como le solían llamar. Al abrirlo ante sus compañeros descubrió que traía un cheque por 10.000 dólares americanos. Ni siquiera los invitó.
En una entrevista realizada en 1984 se quejaba amargamente de los que pretendían arrebatarle la autoría del mambo. Lo cierto es que antes de emigrar a México, entusiasmado por los cuentos que le hacía el cantante Kiko Mendive sobre las oportunidades de trabajo en el vecino país, Pérez Prado trató de lanzar el mambo en Cuba.
Llegó a grabar un pequeño disco de 45 rpm, a manera de demo, con su Mambo caén y So caballo, realizados con músicos de categoría, sus amigos, que lo hicieron gratis, fascinados por los arreglos del teclista. Entre ellos estaban el saxo alto Germán LeBatard, el guitarrista Vicente González Rubiera Guyún, el saxo barítono Osvaldo Urrutia y el contrabajista Reinaldo Mercier. Pero los empresarios timoratos no se dieron cuenta de que se trataba de algo realmente innovador.
El pequeño pianista estaba muy avanzado para su época. Algo parecido le sucedió a Bebo Valdés con su ritmo batanga y al tresero Niño Rivera con su cubibop. Según el musicólogo Leonardo Acosta, Pérez Prado recibió en México el apoyo de la vedette Ninón Sevilla y de otros cubanos, mientras que el bongosero Clemente Chicho Piquero le ayudó a resolver el carnet de la omnipotente Unión de Músicos Mexicanos.
Trabajó muy duro, como siempre, experimentando y desarrollando un estilo que jugaba con diferentes planos sonoros con dos registros básicos, enfrentando las agudas trompetas (que en algunas grabaciones hizo sonar contra una pared para obtener la resonancia que buscaba), al tono grave de los saxofones que llevaban la síncopa. Los primeros mambos que grabó para la RCA Víctor fueron José y Macamé, muy lentos, y no alcanzaron la popularidad de los posteriores.
Sus números más populares incluyen Mambo Nº 5, Qué rico el mambo, Pianolo, Caballo negro, El ruletero, Lupita, Mambo en sax, La chula linda y Mambo Nº 8. Grabó no sólo para la Víctor, sino también para Seeco, United Artists, Epic y otros sellos. En 1952, el director de orquesta Armando Romeu tomó un tema creado por Stan Kenton, lo arregló al estilo de Pérez Prado, y se lo envió a México como reconocimiento por su enorme éxito. Así surgió Mambo a la Kenton, erróneamente atribuido a Pérez Prado. Leonardo Acosta considera que de ahí surge la confusión sobre la influencia del norteamericano en la obra del cubano.
http://arch1.cubaencuentro.com/cultura/20040903/e119a1cbb8e9a853777a592316cb14dc/2.html

Saludos,
Edsel
 
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